
Tú que das vigor al débil, alivio al cansado y esperanza al desanimado, gracias por darnos sacerdotes, según tu corazón.
Tú la salvación de aquellos que en ti creen, te pedimos humilde y confiadamente, que conserves e incrementes el entusiasmo espiritual y pastoral de los jóvenes sacerdotes. Aleja de ellos la apatía, el cansancio y la estéril soledad.

Tú, siempre compasivo con todos, danos sacerdotes sinceros y sencillos, alegres y agradecidos, amables en el servicio y fervorosos en la oración.
Que por tu fidelidad, en los sacerdotes haya limpieza en la mirada, sonrisa en el rostro, inocencia en sus manos, pureza en su corazón, y santidad de vida.

Que su entrega gozosa a Ti acerque a los alejados, consuele a los agobiados, dé certeza evangélica a los que dudan, mueva al arrepentimiento a los pecadores y sostenga en la perseverancia a los católicos de buena voluntad.
Que gocen en la oración y gusten de tratar fraternamente a todos; que brille la unidad entre ellos y con el obispo.


Que su caridad se manifieste muy especialmente en
Padre santo, por el Corazón de tu Hijo Jesucristo, sigue proveyendo de sacerdotes a tantas comunidades que los necesitan, y a tantas personas que los esperan, y te los piden como una bendición
Que la segura compañía de tan ejemplares sacerdotes nos conduzca por el camino del bien y de la verdad, para que, algún día, gocemos de Ti, en unidad con Cristo y el Espíritu Santo, en compañía de la siempre Virgen María, San José y todos los santos.
Amén.
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